"El Ángelus" de Millet: la modorra bucólica costumbrista del s.XIX



por Javier


Siempre hay que acercarse a la obra de arte sin prejuicios “¿Qué tienen que ver las convicciones políticas con la experiencia estética? ¿Cuál es el factor ideológico común a Courbet y a Cézanne? Pisarro fue anarquista, postura que suscita mi simpatía política, pero ese hecho no colorea ni puede colorear mi reacción estética ante su obra. No necesito conocer la política o la religión de un artista, del mismo modo que no necesito conocer el nombre de su amante o la dirección del comerciante que le vende los colores” (1), pero dicho esto, y siendo la obra reflejo de una época también lo es inevitablemente, en mayor o menor medida, retrato psiquico de su autor, por lo que nunca viene mal aproximarse a la vida y las circunstancias del artista, sin que eso tenga por qué afectar al juicio personal.

El pintor Jean-François Millet (1814-1875) nació en la aldea de Gruchy en la región de Normandia hijo de campesinos ricos, estudió en Cherburgo y luego con una beca en la Escuela de Bellas Artes de París. 

En 1849 decidió con toda su familia de nueve hijos, vivir el resto de su vida en el bosque de Fontainebleau en el pueblo de Barbizon, en la colonia de pintores del mismo nombre, creada por el pintor Théodore Rousseau (1812-1867); paisajistas muy críticos con la vida urbana y el capitalismo, descontentos con la Academia y muy influidos por las ideas socialistas y la pintura al aire libre de John Constable (1776-1837). No obstante Millet nunca se interesó por la política, fue aceptado por la Academia y cuando eventualmente fue acusado de socialista siempre se encargó él mismo de negarlo. 

Sus obras con escenas de labores del campo, de carácter realista, que en un principio por la temática chocaron con la Academia al considerar que exagerando las penurias de lxs campesinxs invitaba a la insurrección, poco a poco fueron edulcorándose derivando hacia una bien cotizada sensiblería de inspiración pseudorreligiosa, la piadosa resignación cristiana y aquello del Génesis de “ganarás el pan con el sudor de tu frente·”, ajustándose muy bien a los valores morales burgueses de finales del s.XIX, algo que ponía enfermo a Baudelaire, que se refería a sus campesinxs así, “Hace alarde de un sombrío y pesimista embrutecimiento en sus campesinos que excita nuestro furor. Parecen decirnos: somos los desheredados del mundo, los únicos que producimos gracias a nuestro trabajo”(2); o a Théophile Gautier que le acusaba de presentar campesinxs cretinxs y sin sangre, y de miserabilismo obsesivo que degradaba la imagen de lxs trabajadorxs del campo. Otro ejemplo de crítica es la del famoso dibujante y caricaturista Paul Hadol (1835-1875), que en 1865 publicó en “La Vie Parisienne” una caricatura de “El Ángelus” con la leyenda, “Roguemos, hermanos míos, por las papas enfermas”, bromeando con el tema del cuadro.

Entre 1857 y 1859, por encargo de Thomas Gold Appleton, un coleccionista de arte y pintor aficionado norteamericano, mostrando un gesto de rebeldia pintó un pequeño óleo representando la plegaria por un bebé muerto, como tantos que fallecían de hambre, por falta de higiene y enfermedades en aquella época, y eran enterradxs de forma clandestina, al no poder pagar las expensas de un funeral (3). La despedida de unos padres compungidos ante un cesto de mimbre con un pequeño ataúd romboidal dentro, pero cuando terminó el cuadro al ver la fuerte impresión que causaba en aquellxs familiares y amigxs que lo vieron en su taller, se arrepintió, y decidió cambiar de idea y repintarlo para ocultar el ataúd con unas patatas, y así dar un giro radical al tono de la escena. En un principio pensó en llamarlo “Oración por la cosecha de patatas”, pero en 1959 cuando el comprador no pasó a recogerlo, añadió al fondo una iglesia con campanario y lo tituló “El Ángelus”. El resultado final será un cuadro muy al gusto burgués, presentando en contraposición al díscolo proletariado urbano, la paciente resignación cristiana de lxs campesinxs, representadxs aquí dando gracias a la virgen, antes de iniciar o acabar, que no se sabe muy bien, la jornada de trabajo. Una escena patética, que Millet remitió a recuerdos de su infancia y a las primeras palabras de la oración llamada el Ángelus: “Ángelus Domini nuntiávit Mariae et concépit de Spíritu Sancto”

El cuadro se expuso en 1865 en el Cercle des Artistes en París y tuvo un éxito enorme, gustó en la Academia y sus reproducciones en almanaques y postales, pronto estuvieron en todas las casas de los pueblos de Francia. Un asqueroso canto idealizado a la resignación cristiana, las virtudes familiares y la apacible vida rural, que logró venderse primero por 2.500 francos, y que después de cambiar varias veces de manos, en 1890 se volvió vender por la desorbitante suma de 800.000 francos. 

Desde 1860 Millet había empezado a participar periódicamente en el Salón y su obra se vendía bien, antes con semejante carga familiar, muchas veces tuvo que ser auxiliado por su vecino y amigo Rousseau. Con el tiempo fue jurado del Salón. En 1867 fue nombrado oficial de la Legión de Honor, y en 1872 el influyente marchante y galerista Durand Ruel (promotor de lxs impresionistas en los Estados Unidos e Inglaterra) organizó una gran exposición de sus obras. 

Sobre la buena recepción del publico burgués a la obra de Millet y su proyección fuera de Francia, pongo dos ejemplos: la prestigiosa revista “La Ilustración Ibérica”, “semanario científico, literario y artístico” de la alta burguesia en España y Portugal, publicaba en su número de octubre de 1890, dos reproducciones de cuadros suyos; en la reseña de texto informaba de la alta cotización alcanzada por "El Ángelus", y añadía; “Damos hoy del ilustre maestro de Barbizon dos páginas admirables: La pastora de ovejas y su rebaño, y La calcetera. Resplandece en ambas obras aquella majestad y aquella profunda calma que tan poderosamente descubría Millet en la vida del trabajo del campo, aquella melancolía penetrante que se revelaba a sus ojos ante el espectáculo de la naturaleza y aquellos galibos de mujeres deformados, toscos y, sin embargo, esculturales, bellos como si fueran modelados por el propio Fidias” (4). Y en 1893 Mark Train convirtió a Millet en protagonista de uno de sus relatos titulado “Is he living or is he dead?”, del que luego en 1898 hizo una adaptación teatral; trata sobre la especulación en el mundo del arte, y hace que Millet finja su muerte para elevar el precio de sus cuadros.

"El Ángelus" fue utilizado por Salvador Dalí como modelo iconográfico en varias ocasiones; decía estar obsesionado con la idea del bebé muerto, que relacionaba con su propio hermano tocayo muerto de meningitis muy pequeño, y del que sus padres le habían dicho, él era su reencarnación. Entre 1932 y 1935 el pintor al que André Breton (5) llamó “Ávida Dollars”, escribió un ensayo titulado “El mito trágico del Ángelus de Millet”, siguiendo su delirante “método paranoico crítico”, el manuscrito se perdió en 1941 en Arcachon (Francia), y reapareció en 1963, localizado por un editor. En el mismo reflexiona sobre el cuadro y proyecta sobre él sus propios fantasmas: la campesina sería una mantis religiosa dispuesta a devorar la cabeza de su amante después del coito, mientras el campesino oculta su erección con un sombrero, y usando fuera de contexto palabras de Lautréamont (él nunca se refirió a Millet y mucho menos a su mierda de cuadro) -para el que ilustró una edición de "Los cantos de Maldoror" en 1934- dice que el cuadro es hermoso como “el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas, en una mesa de disección” (6), además de proponer “El Ángelus” como una Anunciación, dado que la oración de ese nombre remite al pasaje bíblico. Dejando de lado su complicada sexualidad, su oportunismo, su caradura y su avidez por el dinero, personalmente el surrealismo me aburre.

En resumen “El Ángelus” muy lejos de ser una representación laica de la dignidad del trabajo en el campo y una obra de crítica social, es un empalagoso ejemplo de costumbrismo religioso que encarna los valores más reaccionarios de la moral burguesa: el trabajo de sol a sol, la familia y sus diferentes roles, la resignación y la piedad cristianas, la tradición; y que dejando de lado lo retardatario en su día del tema; en lo que concierne a un análisis crítico: la obra no puede tener una composición más simple por simétrica, sin ningún dinamismo que rompa la quietud de la escena, y con todos los elementos dispuestos para dirigir la mirada de forma casi hipnótica al centro del cuadro, donde por cierto no hay nada; con un uso efectista de la luz aún más simple que la composición; y una gama de colores bien matizada y adecuada al tema, por apagada y melancólica, pero sin correr ningún riesgo, igual que en la linea de horizonte clavada a 2/3, según la regla de los tercios; con el cesto de patatas fijo al suelo casi mimetizado con el fondo “sfumato”, como si no quisiera estar en el cuadro; con pinceladas preferentemente cortas (el cuadro apenas mide 66 cm x 55,5 cm) y sueltas, pero en contraste, salvo por el evanescente cesto de patatas, con los contornos de las figuras bien definidos para dar una mayor expresividad al efecto visual entre figuras y fondo, en una pose forzada, fantasmagórica y poco natural, con las figuras recortadas como pesados gigantes inmóviles en una atmósfera irreal y heteropatriarcal, reforzada subliminalmente por la corporeidad simbólica de la horca clavada al suelo con un pequeño halo alrededor y en un plano adelantado, y la carretilla detrás de la mujer, suerte de atributos sexuales, la forma itifálica y el receptáculo, cada uno en su sitio; sin salirse en ningún momento de la ideología patriarcal falocrática y el efectismo fácil y empalagoso que caracteriza el conjunto. Una obra sin ningún interés técnico, de una sencillez extrema, que no aporta nada, que no sea conservadurismo y la modorra bucólica costumbrista del siglo XIX.





(1) “Carta a un joven pintor”, Herbert Read. Ediciones Siglo Veinte, 1976, Buenos Aires (Argentina), pág. 122

(2) “Historia del arte: El realismo y el impresionismo”, vv.aa. Editorial Savat- Tomo 15, 2006, Barcelona, pág. 10

(3) Además en aquella época, los niños que morían antes de ser bautizados no podían ser enterrados en “sagrado” aunque sus padres quisieran hacerlo.

(4) “La Ilustración Ibérica”, núm.408, Barcelona 25 de octubre de 1890, pág. 686/ que figura numerada como pág.14 en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

(5) Poeta y ensayista, fundador del surrealismo, que encabezó junto a Max Ernst, Yves Tanguy y otrxs, la expulsión de Dalí del grupo surrealista, por “glorificación del fascismo hitleriano” y “contrarrevolucionario”.

(6) “Los cantos de Maldoror”, Lautréamont. Ediciones Cátedra, 2001, Madrid, pág. 295


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