El movimiento libertario actual de cualquier rincón del mundo se plantea el grave problema que supone la represión sexual para la liberación total del individuo y de la sociedad. Sin un sexo libre de tabúes morales autoritarios no puede haber comunismo libertario y sin proceso de liberación sexual no puede haber anarcosindicalismo, si éste se entiende como el proceso solidario para llegar al comunismo libertario.
El sexo es una de las actividades fundamentales del individuo y uno de los ejes a través de los que la sociedad autoritaria nos esclaviza e impide desarrollar la solidaridad fuera de la moral judeocristiana, puritana y capitalista. La separación de los sexos; la degradación de la mujer y su situación subordinada al hombre, tanto en el plano sexual como laboral, y en general en la sociedad; el machismo, en el sindicato muy libertarios pero en casa muy autoritarios, sin cuestionar siquiera la familia y excusando el miedo a la libertad con lo de "no confundir libertad con libertinaje"; los compartimentos estancos y etiquetas de los que se declaran homosexuales, heterosexuales, bisexuales...; la integración a la falta de ética del sistema de consultas psiquiátricas y psicológicas; el léxico (pasados, degenerados, decadentes) con que se bautiza a los que se han revuelto decididamente contra los cánones morales de la sociedad burguesa. Éstas y muchas otras consideraciones, incluso mucho más aparentes de libertad sexual, nos muestran cuán complejo es el terreno de la liberación sexual. Iniciar el proceso de liberación supone arrancar de cuajo todos los prejuicios sexuales, de la misma forma que el sindicato anarquista debe, y de hecho lo hace, arrancar también de cuajo todos los planteamientos de los sindicatos amarillos y reformistas. Ni el problema de la producción es un hecho aislado, ni el del sexo tampoco. Por lo tanto hay que armonizar los procesos y asumir todas las vertientes escapando de toda division, de toda separación en parcelas de los diferentes aspectos de la vida cotidiana. Una sociedad en la que la mujer consiga la total igualdad frente al hombre, y en la que hombres y mujeres puedan disponer con libre decisión "física y psíquica" de su cuerpo, estará en el proceso libertario. Porque un individuo no reprimido sexualmente es un proceso abierto hacia la anarquía y la solidaridad, es un hombre que ha roto el esquema freudiano y sus neurosis. Homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, son aspectos diferentes de una única sexualidad. No hay conductas normales o antinaturales, simplemente hay posibilidades, maneras diferentes de viabilizar la comunicación, la afectividad, el gozo. Y es necesario gozar para afirmar la vida, comunicar y condensar cariño. Las diferentes opciones no pueden llegar a ser determinantes de la vida de un hombre, ya que éste en un momento de su vida, por diferentes causas, puede necesitar y potenciar una relación de afectividad homosexual y en otra época, otra heterosexual, o bien en otra conjugar ambas y ser bisexual. Ni los homosexuales son sólo homosexuales, ni los heterosexuales sólo heterosexuales. El parcelamiento es, en principio, una limitación y una neurosis provocada por la sociedad represiva, estratificada y autoritaria. No obstante, los movimientos de liberación homosexual aún son necesarios como medio de choque para despenalizar en todos los aspectos las prácticas homosexuales.
Fuente: Revista "Ajoblanco", n°25. Ajoblanco Ediciones, Barcelona, Sep. 1977. Dosier: Jornadas Libertarias Internacionales, pág. 42.
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| "Escena con prácticas sexuales", ca. 9500 ane. Pintura rupestre Toca do Baixao do Perna IV, Parque Nacional Serra da Capivara, Brasil (Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1991). |

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