"Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho", 1922

Carta de Ricardo Flores Magón (1873-1922) desde la cárcel de Fort Leavenworth, Kansas (USA), del 28 de febrero de 1922, a su amiga Ellen White.


Comprendo sus sentimientos ante los rompehuelgas. Esa gente despreciable no es humana, ¿no le parece? Bien pueden tener su aspecto exterior, pero han perdido los sentimientos y de la sensibilidad del ser humano; esos misteriosos sentimientos, esa misteriosa sensibilidad que algún día tuvieron y que, al unirnos a nuestros hermanos y rebelarnos contra la tiranía de la selva, nos convierte en hombres. Esos esquiroles han perdido esos sentimientos y esa sensibilidad que llamamos solidaridad, y los perdieron en el momento en que eran más necesarios, cuando las fieras a combatir y vencer no estaban ya en la selva, acechando detrás de los árboles o agazapados en la espesura para emboscar o escondidos en los rincones más oscuros de las cavernas; no, las fieras se encuentran ahora en suntuosas oficinas en el corazón de ciudades populosas, ataviados como hombres, sonriendo como hombres, comportándose externamente como hombres. No tienen garras; no saltan sobre sus presas; no estrangulan la vida humana contrayendo sus formidables anillos. No, las fieras han modernizado astutamente sus métodos. La fiera es profesor y enseña a sus discípulos que la cooperación es insensata y que la competencia es la única fuerza del progreso; la fiera es legislador y dicta leyes cuyo propósito es el de proteger sus propios bestiales intereses aunque den la apariencia de estar hechas para proteger a los débiles; la fiera es gobernante e impone el respeto a las leyes; la fiera es ministro de alguno de los dioses y predica la obediencia y la paciencia y la resignación. El resultado es el esquirol, un ser humana que, tras miles de años sometido al imperio de las fieras, ha perdido ese instinto que, en la alborada de las especies, lo impulsó a levantarse con sus semejantes para derrocar al despotismo de la selva. Sus instintos han dejado de ser humanos para tornarse bestiales. Ya no siente amor por sus congéneres, sino odio, como si en cada uno viera a un competidor, a un rival, a un enemigo que se levantara amenazador entre él y su pan, pues la civilización ha atrofiado los instintos de solidaridad que hacían de él un hombre. El rompehuelgas no es un hombre; en el mejor de los casos, es apenas un ser humano degenerado. No contribuye a la evolución de la especie, sino que la obstruye como un escollo en el derrotero del progreso humano, porque, en realidad, se ha convertido en el más firme y fiel aliado de la tiranía de las fieras. Sin la complicidad del esquirol, las fieras se vendrían abajo porque él es el rompehuelgas, él es el soldado, él es el policía, él es el cancerbero, él es el verdugo; él se convierte en las garras, los cuernos, los colmillos, los anillos, las pezuñas de las fieras modernizadas. Nuestra tarea consiste en humanizar al rompehuelgas y…¡vaya tarea! Pero tenemos que hacerla, debemos llevarla a cabo, porque el éxito de nuestra empresa significará la caída del reino de las fieras. Es inútil hacer planes para un futuro de Libertad y de Justicia si el esquirol sigue siendo un rompehuelgas.

Comparto la misma frustración que usted siente cuando no consigue expresar lo que siente o lo que piensa y, con frecuencia, me abruma; yo creo que lo mismo sucede a todos aquellos que intentan seriamente dominar el arte de traducir a palabras los sentimientos y pensamientos humanos. Pero no se desanime, mi querida Ellen, porque ni usted ni yo tenemos la culpa: el lenguaje humano es en extremo pobre. Carecemos de suficientes palabras para expresar cada uno de los matices, cada uno de los tonos del sentimiento o del pensamiento. Disponemos de palabras para el rojo y el azul y el amarillo, así como algunos otros términos para designar ciertos tonos de estos colores, así como contamos con palabras para el dolor y el bienestar, tanto como para algunos matices de esas emociones; sin embargo, sus variaciones son infinitas. Es posible que en lo futuro, cuando los esquiroles hayan desaparecido de la faz de la Tierra, la humanidad, al disponer por fin del tiempo libre indispensable, pueda atrapar en la red de la palabra hasta la más elusiva de las emociones y hasta el más sutil destello del pensamiento; y, de esta manera, conseguir expresar lo que para nosotros es imposible. Conformémonos entonces con las palabras de que disponemos y esforcémonos honestamente en hacer el mejor uso de ellas que nos sea posible como una ofrenda para nuestra divinidad: Belleza.



Fuente: archivomagon.net/obras-completas/correspondencia/c1922/


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