CAMILLO BERNERI (1897-1937): "HUMANISMO Y ANARQUISMO"

Fragmento final del artículo "Humanismo y anarquismo" (1936), que da título a la antología de escritos del autor redactados entre 1915 y 1937.



El anarquismo ha sido elaborado teóricamente por pensadores de origen social diferente. Bakunin, Kropotkin, Cafiero, Cherkesov, Tarrida del Mármol, fueron proscritos de la aristocracia; Malatesta, Fabbri, Galleani, Landauer, Mühsam, fueron proscritos de la burguesía; otros teóricos, desde Proudhon a Rocker, surgieron del proletariado.

A pesar de esta variedad de orígenes sociales, el anarquismo se ha afianzado clara y constantemente en todos los países como corriente socialista y como movimiento proletario. Pero el humanismo se ha afianzado en el anarquismo como la preocupación individualista de garantizar el desarrollo de la personalidad y como inclusión, en el sueño de la emancipación social, de todas las clases, de todos los círculos, es decir, de toda la humanidad. Todos los hombres tienen necesidad de ser redimidos de los otros y de sí mismos. El proletariado ha sido, es y será más que nunca el autor histórico de esta emancipación universal. Pero lo será aún más si no se deja extraviar por la demagogia que le adora pero desconfía de él, que le llama Dios para tratarlo como una oveja, que le coloca en la cabeza coronas de cartón-piedra y le halaga pérfidamente para conservar o conquistar un dominio sobre él.

Dictadura del proletariado: fórmula tan equívoca como el pueblo soberano. La voz del proletariado no es vox Dei ni ladrido de perro, sino voz de hombres, multicorde y discordante como toda voz de la colectividad humana.

El genio popular no es ni un demiurgo ni un caos, sino un gran río que se desborda y aquí destruye y allá fertiliza, y tiende a regresar demasiado pronto a su antiguo cauce. 

La revolución no es una oligarquía de estatuas solemnes en una plaza fangosa, sino la épica belleza de heroísmos colectivos, mareas bajas de vileza colectiva, rebabas feroces de delitos de la multitud, construcciones de un orden nuevo en las que las elites tienen la escuadra y el compás y las multitudes aportan los materiales, los brazos y la experiencia artesana. 

Ninguna dictadura ni del cerebro sobre los callos, ni de los callos sobre el cerebro, porque cada hombre tiene un cerebro y el pensamiento no está en los callos. El que golpea con el pico contra el privilegio es el hombre de la revolución. 

El que participa en la solución de los problemas de la producción y del intercambio con seguridad y destreza, con madurada experiencia y con honrado estado de ánimo, es el hombre de la revolución. El que expresa con claridad su pensamiento sin buscar aplausos y sin temer la cólera es el hombre de la revolución. 

El enemigo del pueblo es el politicastro, el charlatán que exalta al proletariado para convertirse en su mosca cojonera, que exalta los callos ajenos para evitar los propios, que denuncia como contrarrevolucionario a todo aquel que no esté dispuesto a seguir la corriente popular en sus errores y en los desarrollos tácticos del jacobinismo.

Dictadura del proletariado es concepto y fórmula de imperialismo clasista, equívoca y absurda. El proletariado debe desaparecer, no gobernar. El proletariado es proletariado porque desde la cuna a la tumba está bajo el peso de la pertenencia a la clase más pobre, menos instruida, menos susceptible de emancipación individual, menos influyente en la vida política, más expuesta a la vejez y a la muerte precoz, etc. Redimido de estas injusticias sociales, el proletariado cesa de ser una clase en sí, porque todas las demás clases han sido despojadas de sus privilegios. ¿Qué queda al desaparecer las clases? Persisten las categorías humanas: inteligentes y estúpidos, cultos y semicultos, sanos y enfermos, honrados y deshonestos, buenos y malos, etcétera.

El problema social dejará de ser un problema de clase para convertirse en un problema humano. Entonces la libertad estará en marcha y la justicia se habrá concretado ya en sus principales categorías. La revolución social, clasista en su génesis, es humanista en sus procesos evolutivos. El que no entiende esta verdad es un idiota. El que la niega es un aspirante a dictador.




Fuente: BERNERI, Camillo. "Humanismo y anarquismo". Los Libros de la Catarata, 1998, Madrid. Pp. 125-126

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