En 1945 el anarcosindicalista alemán Rudolf Rocker fechó en New York su libro, "Max Nettlau, el Heródoto de la anarquía", su cercanía personal e ideológica con Nettlau, hacen de esta obra una valiosa aportación al conocimiento de la vida y pensamiento político del erudito anarquista austriaco. Os proponemos la lectura de una pequeña selección de fragmentos de la primera edición en castellano, publicada en México D. F., por Ediciones Estela en 1950.
Acompañan el texto dos presentaciones de la instalación titulada "Colisión" ("Head on", 2006) del artista chino Cai Guo-Qiang, la primera en el Museo Guggenhein de Bilbao (España) en 2009, y la segunda en The Gallery of Modern Art de Brisbane (Australia) en 2013. Sobre su significado el propio autor explicó: "quería retratar la tragedia humana universal, la que es consecuencia del ansia ciega por abrirse camino a empujones, el modo en que tratamos de obtener nuestros objetivos sin reparar en las posibles consecuencias".
MAX NETTLAU, EL HERÓDOTO DE LA ANARQUÍA
- La libertad no es un prejuicio pequeño burgués, como diría Lenin, todo organismo necesita de una libre esfera de movimiento, sin la cual el estancamiento y la decadencia son inevitables. (p. 91)
- Los héroes de estas epopeyas libertarias son vejados por sacerdotes y bardos serviles: pero los pueblos les rinden, dentro del fantástico encanto de la leyenda, el merecido y eterno homenaje. Así: los ángeles precipitados de los cielos por rebeldes, Luzbel (la figura predilecta de Bakunin) portador de la luz; los derrocadores de los titanes, arrojados del Olimpo; los humanos expulsados del Paraíso y malditos por Jehová, en castigo por haber comido el fruto prohibido del Árbol de la Sapiencia, o Prometeo, condenado al suplicio por Zeus, porque puso el fuego sagrado al alcance de los mortales. Todos son símbolos legendarios de la rebeldía humana, grandiosas personificaciones de, para nosotros desconocidas epopeyas libertarias de los tiempos anteriores a la historia. (p. 92)
- La economía debe ser un medio para satisfacer las necesidades del hombre y garantizar la independencia personal del mismo. (p. 93)
- La cultura y el intelecto humano necesitan de la libertad para poder manifestarse en toda su amplitud y maravillosa diversidad. (p. 94)
- Todas las conquistas espirituales y sociales en las tres últimas centurias se lograron, no porque la iglesia y el Estado renunciaran a sus privilegios y poderío, sino debido al impulso irresistible de la evolución universal de la cultura. (p. 97)
- La revolución como tal no crea nada nuevo, sólo quita del paso lo viejo y podrido, despejando el camino hacia nuevas realizaciones. (p. 99)
- Trás la revolución, el éxito de toda innovación de la sociedad y el valor del avance que se realice, corresponde siempre al nivel cultural de sus promotores. (p. 101)
- El haber edificado el ideal sobre el espíritu de clase, fue una locura, manía de exclusivismo que condujo al presente marasmo. (p. 103)
- El concepto de clase es un expediente teórico, tan inseguro y problemático como el de raza. El límite donde termina una clase y comienza otra, en la generalidad de los casos, es tan difícil de determinar como la transición de una a otra raza humana. (p. 108)
- De ser la tan cacareada conciencia de clase una realidad y no una colosal alucinación, hace tiempo que ya se hubiera acabado el capitalismo. (p. 109)
- Lo que el hombre es como ente racional no se determina por el grupo social a que pertenece, sino por lo que ha sabido hacer de sí mismo. (p. 110)
- Mientras los sindicatos se limiten a procurar a sus afiliados las pequeñas mejoras posibles dentro del orden capitalista, éste no tendrá ningún temor por la estabilidad de sus instituciones, ya que el mejoramiento económico es uno de los fundamentos del sistema burgués. (p. 112)
- Las pequeñas mejoras en las relaciones laborales conducen a un ajuste cada vez más sólido del sistema actual, y hace que los trabajadores discurran por los senderos característicos del capitalismo. (p. 113)
- Si es inevitable que el obrero venda, en las actuales circunstancias, el esfuerzo de sus brazos, que por lo menos haga cuanto le sea posible por no vender su conciencia y su dignidad. (p. 116)
- La medida de todas las cosas es el hombre y no la clase. (p. 117)
- Todas las teorías sobre la existencia de naciones originales no son más que fantasías o mitos. (p. 125)
- Una organización es como un andamio, el cual por sí solo no crea una construcción. (p. 141)
- La homogeneidad no existe en ningún aspecto de la naturaleza, no es más que un fenómeno artificial, impuesto en interés del más fuerte. En cambio hay similitudes, parentescos, familias y subfamilias, todo ello con los más variados matices y clasificaciones. (p. 150)
- Por eso, el sectarismo y el exclusivismo, la intolerancia y el fanatismo son anormalidades, productos de la estolidez, de la fe milagrera, del afán de dominio, o bien, de la brutalidad antisocial. Es un puro delirio asimismo, la idea de verdades definitivas y absolutas, ya que hasta las llamadas leyes naturales, universalmente reconocidas y comprobadas científicamente, pueden perder su autoridad a la luz de nuevas investigaciones, como ocurre con los continuos descubrimientos de nuevas correlaciones en los elementos químicos o de los microcosmos encerrados en los átomos, en las teorías de Einstein y de otros sabios sobre el cosmos. Cuanto más se investiga, más modestos debemos ser en nuestras afirmaciones, ya que a cada nuevo descubrimiento se patentiza más la inmensidad de lo ignoto. (p. 150)
- Puesto que sólo la experiencia puede probar lo que es bueno y lo que es falso; en tanto que la rigidez programática tiende a cerrar el camino a toda evolución. (p. 153)
- El odio y la demagogia son abonos propicios para que florezca la planta maldita de los hombres fuertes. (p. 162)
- Su proletariado, mi querido amigo, no es más que un producto de espuma, una abstracción, una palabra sin sentido concreto, como todos los conceptos colectivos. Lo que cuenta en materia de progreso y evolución general es el hombre y no la clase. Los obreros en cuanto a clase, han prestado a todas las tiranías los mismos servicios que cualquier otro grupo social, y, en muchos casos, lo siguen haciendo. (p. 208)
- Quienes piensan únicamente con su estómago no serán nunca capaces de nada decisivo. La economía no es, después de todo, sino un medio al servicio de una finalidad más elevada, y, desprovista de toda visión ética, esa economía no hará más que desarrollar el egoísmo brutal, acabará en el más feroz canibalismo. (p. 232)
- La mayoría de los obreros no son sino burgueses sin dinero. (p. 280)
- Quien sabe soñar en la belleza de un ideal, no renuncia a este deleite. Ciertamente es más digno del hombre correr en un Rocinante hacia lejanías ignotas, que ir en un Ford, por carreteras bien pavimentadas, derecho al infierno, lo que, dicho sea de paso, no sería ninguna desgracia para la humanidad. (p. 281)


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