3 comentarios:

  1. Lo de Pablo Iglesias, Irene Montero y el chalet de Galapagar, es una prueba más del desahogo con el que actúan los políticos en España y su desapego de la realidad, a la par que el desprecio y la distancia que marcan con sus votantes.

    Ellos también van a vivir dentro de una burbuja que los separe del común de los mortales (la chusma), y a la incoherencia ideológica hay que añadir el mensaje al Ibex 35 “eih amiguitos que yo soy de los vuestros”, el elitista club de los privilegiados, a ver si así algún día le dejan cumplir su sueño y ser presidente del gobierno de España, igual que en septiembre de 1979 la X de los GAL (hoy asesor de Carlos Slim) tuvo que renunciar al marxismo, como condición previa de los poderes fácticos para poder acceder a la Moncloa.

    Una vez más se ejemplifica aquello de “el poder corrompe”, y más de lo mismo, como hace 500 años dijo Maquiavelo (1469-1527), un experto en el tema, “la política es el arte de engañar”. Luego desde su refugio de lujo se llenarán la boca con la palabra “igualdad” y proclamando que su partido “no recibe dinero de los bancos para no estar sometido a presiones ni chantajes”.

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  2. Vaya asco lxs obsecuentes jefecillxs de Podemos cerrando filas en torno a Pablo Iglesias e Irene Montero apelando a las contradicciones ideológicas, la persecución mediática y la libertad individual, como si eso cambiara algo el desparpajo y la demagogia de su Rueda de Prensa del 19 de mayo en defensa de sus privilegios.

    La pregunta real en la consulta de Podemos a sus inscritxs: ¿Es Podemos un partido político de izquierdas o un proyecto personal (de laboratorio) basado en el culto a la personalidad de su lider?, y consecuentemente mi reflexión retórica es: ¿Se ha utilizado a lxs votantes de izquierdas para aupar a un partido populista de corte peronista?

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  3. A Pablo Iglesias no le gustan las críticas por “ el hecho de querer criar a los hijos que voy a tener en un contexto un poco más tranquilo”, y bueno, no se donde viviría antes, pero a eso se le llama “ser clasista”, y es una de las bases ideológicas del “pensamiento” de derechas en general.

    Parece que estos pseudomarxistas de pacotilla no tienen ningún problema en separar ética y estética, el eclecticismo posmoderno y la abulia de sus votantes les respalda. Lamentable espectáculo este de Podemos, la “democracia representativa”, y como a las palabras se las lleva el viento, una larga tradición en los partidos autodenominados “de izquierdas” en España, cómplices de la monarquía borbónica.

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